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viernes, 17 de diciembre de 2010

Para que el mundo pueda verlo, antes tienes que verlo tú

El fotógrafo vasco Fernando Moleres fue proclamado ayer ganador de la XIV edición del Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña por su serie Niños prisioneros en cárceles africanas, compuesta por instantáneas tomadas en las prisiones de Sierra Leona entre febrero y agosto de este año 2010. Su trabajo refleja la situación de adolescentes encarcelados a quienes se acusa de delitos menores, unos reclusos que viven en circunstancias pésimas debido a un sistema de prisiones saturado. Una pequeña muestra son estas dos fotografías, el encierro visto tanto desde el exterior como desde el interior de las prisiones. Para poder ver la serie completa, visitad la página web del fotógrafo bilbaíno: http://www.fernandomoleres.com/index.php (ver African children in prison)




El accésit de este certamen, que se celebra desde 1998 en recuerdo de los cooperantes de Médicos del Mundo asesinados en Ruanda y Bosnia, corresponde a los fotógrafos Javier Arcenillas y Riccardo Venturi. El primero fue finalista por su serie Sicariato de Sión. La historia de violencia y muerte en Latinoamérica y Venturi, por Secuelas en Haití.

Tras la polémica que desató el año pasado una de las fotografías de la serie ganadora (que provocó la retirada del galardón a su autor), así quedó el palmarés de este año. El primer premio obtenido por Fernando Moleres por decisión unánime del jurado consiste en una beca de trabajo de 8.000 euros destinada a la realización de un proyecto fotográfico en una de los ámbitos de trabajo de Médicos del Mundo.

Por otra parte, además de las tres series anteriormente citadas, formarán parte de una exposición itinerante otras seis series de diferentes autores seleccionadas con este fin (más información aquí). Todas esas imágenes conforman las 40 instantáneas de la exposición del XIV Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña, cuyo recorrido dará comienzo en la Alhóndiga de Bilbao el próximo 20 de enero de 2011. Para que el mundo pueda ver lo que otros vieron antes.

domingo, 17 de enero de 2010

El antes y el ahora en Haití

En el país más pobre de América el ambiente es más irrespirable que nunca. No es casual que las catástrofes naturales siempre causen mayores desgracias en países que no tienen medios para defenderse de ellas. Por no tener, un gran porcentaje de sus habitantes no tiene ni qué llevarse a la boca, pero eso ya era una constante antes del terremoto del 12 de enero de 2010.

Provoca una enorme tristeza la devastación de parte del país haitiano, sepultado bajo sus precarias construcciones, el ver todo ese sufrimiento humano y también que conozcamos ahora a los muertos de Puerto Príncipe sin apenas haberles prestado atención cuando estaban vivos. No es el caso de fotógrafos como Patrick Farrel (ganador del Premio Pulitzer de fotografía en 2009), que ya retrató en su día la indefensión de Haití ante otras catástrofes naturales (no de tanta magnitud como la actual) y reflejó la pobreza en sus calles, frente a la imagen de Haití como destino paradisíaco de los folletos turísticos que (obviamente) no muestran la otra realidad del país: la miseria, el abandono, el caos institucional, la corrupción, la violencia urbana y la falta de medios para la atención sanitaria (por lo que, por ejemplo, Médicos Sin Fronteras está presente en el país desde 1991).


Ahora vemos cifras de muertos calculadas “a ojo” e imágenes de excavadoras que transportan cuerpos como si se tratara de mercancía, pues los haitianos ni siquiera pueden enterrar dignamente a sus muertos. Una vez más también aparece en escena el sensacionalismo y la posible falta de ética. En todos los casos son fotografías que reflejan mejor que mil palabras el dolor de los haitianos, pero en momentos como este hay que tener especial cuidado a la hora de distinguir entre lo informativo y lo morboso, pues muchas de esas imágenes resultan demasiado explícitas (en las Cartas del lector de los periódicos nacionales ha quedado de manifiesto la disconformidad de más de uno con las fotografías publicadas). Por otro lado, la mayoría de informaciones aparecidas en esos medios no profundizan en la tragedia (se olvidan de su función de análisis y de denuncia) o versan sobre la indudable grandeza individual de los miembros de los equipos de rescate, pero no sobre la reinante injusticia global. (Caso aparte -por tratarse de un vídeo y no de fotografías- el de TVE, que erró en la emisión de un vídeo que no se correspondía con este terremoto).


Haití, antiguo país colonial que posteriormente fue controlado por varios dictadores, ha sido olvidado durante años por la comunidad internacional y, sin embargo, ahora la gran potencia mundial no ha tardado en aparecer como la encargada de su reconstrucción política y económica. Parece que tampoco es casual que hasta que no se llega a una situación tal de caos, hasta que no ocurren desgracias como ésta, el interés sea mínimo. Claro está que la actual es una situación excepcional, pero precisamente porque nadie antes se había preocupado por los problemas de Haití, por su ahogamiento en la deuda externa, nadie estaba interesado en su desarrollo durante los años previos a esta catástrofe (natural, sí, pero más profunda que eso, también).

Ya veremos dentro de unos meses qué cobertura informativa realizan los medios sobre lo que suceda en ese territorio fantasma y ya comprobaremos cuáles han sido las respuestas políticas a largo plazo. Ahora mismo sólo cabe pedir solidaridad y ayuda para Haití, desde ya y en adelante (aunque dejen de aparecer imágenes en los medios cada día).