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sábado, 6 de febrero de 2010

"La relación con los movimientos sociales nos permite tratar profundamente temas que en otros medios ni siquiera mencionan"

Una herramienta para la transformación social: así es como se define el periódico quincenal de actualidad crítica Diagonal. Sustentado económicamente por una amplia red de colaboradores y suscriptores (unos 4.500), Diagonal no depende de ningún grupo económico ni político bajo el lema "No depender del poder es la única manera de poder cuestionarlo". Un periódico de estas características, basado en la horizontalidad y en la participación, es uno de los mejores ejemplos para conocer el tratamiento de las fotografías de denuncia, presentes en cada uno de sus números.

Olmo Calvo es uno de los fotógrafos que nutren Diagonal y la persona encargada de coordinar la sección Enfoques. Ganador del primer premio del concurso internacional de fotografía Friends of the Earth International 2006, también fue finalista en 2008 del Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña. Su trayectoria como miembro de la Cooperativa de Fotógrafos SUB y como fotógrafo freelance que ha trabajado para varios medios (Le Monde Diplomatique, Berria o MO, entre otros) le otorga una gran experiencia en este campo. En Objetivo:denuncia nos habla acerca de Diagonal y del tratamiento de la fotografía de denuncia que se realiza en este periódico, al que está vinculado desde los inicios del proyecto:

Objetivo:denuncia - ¿Qué mensaje se pretende transmitir con una fotografía de denuncia y qué reacción se espera por parte del receptor?
Olmo Calvo - La fotografía de denuncia forma parte de la fotografía de prensa y de la fotografía documental. En Diagonal publicamos fotografías muy diversas, desde las más puramente periodísticas de acontecimientos actuales a fotografías más atemporales pertenecientes a reportajes sobre diversos temas. Todas informan de una realidad concreta. No se quiere transmitir ningún mensaje con ellas, sólo dar a conocer diferentes situaciones desde una perspectiva crítica. Tampoco se espera ninguna reacción concreta por parte del receptor, ya que las imágenes se escogen de acuerdo a lo que se quiere transmitir y contar y no pensando en las mil y una susceptibilidades de los diferentes lectores.

O:d - La fotografía, así como otras artes plásticas, puede tener una vertiente reivindicativa, ¿es el mejor medio de expresión para captar en un principio la atención del lector y que se interese después por el asunto concreto?
OC - Las imágenes y el diseño son muy importantes para casi todos los medios de comunicación independientemente de sus diferentes contenidos. Hubo una época en que muchas de las publicaciones de izquierdas estaban relacionadas en el imaginario colectivo con páginas repletas de textos difíciles de leer y sin recursos visuales o con revistas fotocopiadas de escasa difusión. En Diagonal siempre hemos querido cuidar las fotografías y el diseño al igual que se cuidan los textos y las colaboraciones que se publican. No sabemos si es el mejor medio para captar la atención del lector, pero nosotros apostamos por él. Todas las páginas están ordenadas y maquetadas pensando en el conjunto del periódico y en que sean atractivas a la lectura. Usamos fotos grandes, infografías, mapas, informaciones breves, etc. como forma de transmitir unos contenidos concretos. Podríamos difundir los mismos contenidos prescindiendo de todo esto, pero estamos seguros de que llegaríamos a mucha menos gente.


O:d - Sois varios fotógrafos los encargados de surtir a Diagonal de imágenes de actualidad crítica; según vuestra experiencia, ¿es difícil conseguir ciertas fotografías?
OC - En la elaboración de cada número del Diagonal participan decenas de colaboradores en fotografía, textos, promoción, etc. Somos una red de fotógrafos muy amplia que surtimos de imágenes al Diagonal. Muchos somos habituales, otros esporádicos, y en muchas ocasiones usamos imágenes con licencia Creative Commons para poder ilustrar ciertos temas. El no tener recursos hace que participe mucha más gente pero también provoca que sea muy difícil conseguir ciertas imágenes al no tener acceso a agencias ni poder encargar trabajos.

O:d - ¿Recibís muchas fotografías de denuncia por parte de los ciudadanos?
OC - Recibimos muchas propuestas para colaborar con Diagonal de fotógrafos del Estado y de otros países. Algunos se ganan la vida haciendo fotos y otros no. Habitualmente quieren colaborar con aquello que pueda ayudar a la construcción del Diagonal, con fotografías de lo más diverso. Pueden ser retratos, fotos de manifestaciones, fotos de políticos, etc.

O:d - Muchas de vuestras imágenes forman parte de la cobertura informativa de reivindicaciones que se desarrollan en la vía pública, como manifestaciones, huelgas o actos de protesta. ¿Cuál debe ser la relación de los medios con los movimientos sociales?
OC - Nosotros, en cierto modo, nos sentimos parte de los Movimientos Sociales. Somos un periódico sin ánimo de lucro gestionado por una asamblea que, además de publicar un número cada quince días, participa en diferentes campañas por la libertad de expresión, en la organización de foros sociales, etc. Tenemos una relación cercana que nos permite tratar más profundamente muchos temas que en otros medios ni siquiera mencionan. Pero siempre manteniendo la independencia como medio de comunicación. Otros medios tienen otro tipo de relación porque defienden los intereses de grupos políticos o financieros concretos. Pero creo que más allá de los medios en su conjunto hay que valorar la relación de los periodistas como personas con los Movimientos Sociales.

O:d - Tras cinco años de andadura, ¿cómo ves el futuro de Diagonal dentro del ámbito de la información crítica en un panorama general de informaciones e imágenes que se repiten en los diarios de mayor tirada?
OC - Nuestro futuro pasa por la autocrítica y el análisis constante de lo que publicamos. Creo que en estos cinco años hemos aportado informaciones y puntos de vista propios que en muchas ocasiones han servido como alternativa informativa a lo que se publicaba en otros medios con mayor alcance. Pienso que es importante que Diagonal exista y siga fortaleciéndose y creciendo porque el mayor logro es ser un medio independiente, asambleario y sobrevivir entre periódicos con ánimo de lucro, impresos y digitales, respaldados por grandes empresas.


El periódico Diagonal se vende cada quince días (los jueves) en gran parte de los kioscos, librerías y puntos de venta alternativos de Madrid capital. Los puntos de distribución en otras ciudades pueden ser consultados en este listado (en Valladolid, por ejemplo, se puede encontrar en Sodepaz y en la librería Sandoval).

En cuanto a Olmo Calvo, quien esté interesado en sus fotografías puede acudir a ver la exposición Injusticia e impunidad en Latinoamérica, compuesta por cinco fotorreportajes: De Profesión Cartonera, Mineros en la Oscuridad, Protestas en Latinoamérica, Villa Nº 20 y Cárcel. Estas fotografías, tomadas en Argentina y Bolivia, pueden verse en la librería Traficantes de Sueños de Madrid (c/ Embajadores, 35) hasta el 6 de marzo de 2010.

Desde Objetivo:denuncia os animo a que acudáis a ver la exposición de Olmo Calvo y a que conozcáis un poco más este periódico de actualidad crítica… ¡larga vida al Diagonal!

domingo, 17 de enero de 2010

El antes y el ahora en Haití

En el país más pobre de América el ambiente es más irrespirable que nunca. No es casual que las catástrofes naturales siempre causen mayores desgracias en países que no tienen medios para defenderse de ellas. Por no tener, un gran porcentaje de sus habitantes no tiene ni qué llevarse a la boca, pero eso ya era una constante antes del terremoto del 12 de enero de 2010.

Provoca una enorme tristeza la devastación de parte del país haitiano, sepultado bajo sus precarias construcciones, el ver todo ese sufrimiento humano y también que conozcamos ahora a los muertos de Puerto Príncipe sin apenas haberles prestado atención cuando estaban vivos. No es el caso de fotógrafos como Patrick Farrel (ganador del Premio Pulitzer de fotografía en 2009), que ya retrató en su día la indefensión de Haití ante otras catástrofes naturales (no de tanta magnitud como la actual) y reflejó la pobreza en sus calles, frente a la imagen de Haití como destino paradisíaco de los folletos turísticos que (obviamente) no muestran la otra realidad del país: la miseria, el abandono, el caos institucional, la corrupción, la violencia urbana y la falta de medios para la atención sanitaria (por lo que, por ejemplo, Médicos Sin Fronteras está presente en el país desde 1991).


Ahora vemos cifras de muertos calculadas “a ojo” e imágenes de excavadoras que transportan cuerpos como si se tratara de mercancía, pues los haitianos ni siquiera pueden enterrar dignamente a sus muertos. Una vez más también aparece en escena el sensacionalismo y la posible falta de ética. En todos los casos son fotografías que reflejan mejor que mil palabras el dolor de los haitianos, pero en momentos como este hay que tener especial cuidado a la hora de distinguir entre lo informativo y lo morboso, pues muchas de esas imágenes resultan demasiado explícitas (en las Cartas del lector de los periódicos nacionales ha quedado de manifiesto la disconformidad de más de uno con las fotografías publicadas). Por otro lado, la mayoría de informaciones aparecidas en esos medios no profundizan en la tragedia (se olvidan de su función de análisis y de denuncia) o versan sobre la indudable grandeza individual de los miembros de los equipos de rescate, pero no sobre la reinante injusticia global. (Caso aparte -por tratarse de un vídeo y no de fotografías- el de TVE, que erró en la emisión de un vídeo que no se correspondía con este terremoto).


Haití, antiguo país colonial que posteriormente fue controlado por varios dictadores, ha sido olvidado durante años por la comunidad internacional y, sin embargo, ahora la gran potencia mundial no ha tardado en aparecer como la encargada de su reconstrucción política y económica. Parece que tampoco es casual que hasta que no se llega a una situación tal de caos, hasta que no ocurren desgracias como ésta, el interés sea mínimo. Claro está que la actual es una situación excepcional, pero precisamente porque nadie antes se había preocupado por los problemas de Haití, por su ahogamiento en la deuda externa, nadie estaba interesado en su desarrollo durante los años previos a esta catástrofe (natural, sí, pero más profunda que eso, también).

Ya veremos dentro de unos meses qué cobertura informativa realizan los medios sobre lo que suceda en ese territorio fantasma y ya comprobaremos cuáles han sido las respuestas políticas a largo plazo. Ahora mismo sólo cabe pedir solidaridad y ayuda para Haití, desde ya y en adelante (aunque dejen de aparecer imágenes en los medios cada día).

domingo, 10 de enero de 2010

Muertes públicas

El tratamiento de la muerte de las personas en los medios de comunicación es un tema envuelto en polémica. Un acto como la muerte debería ser respetado plenamente, pero el asunto se complica cuando aparece la cuestión de si debe primar la información en cualquier caso o si deben aceptarse excepciones. Lo que sí es cierto es que cada situación concreta debe ser analizada y debatida por separado.

Por una parte, podemos encontrarnos, por ejemplo, con fotografías informativas explícitas de personas al borde de la muerte o directamente abatidas en una guerra. En este caso son fotografías de denuncia que, como tal, llevan unido el calificativo “informativas”: es necesario informar a la sociedad de realidades muchas veces silenciadas por muy crudas que sean las imágenes. De esta manera, es posible que más de uno despierte de su profundo letargo y se interese no sólo por lo impactante de la imagen sino por el determinado conflicto en sí. Es una fórmula utilizada para crear empatía en aquellas personas que no conocen el significado del término.

Sin embargo, la línea entre lo puramente informativo y la imagen “ficticia”, aquella que ha sido retratada simplemente por su impacto visual (y a veces incluso provocada), es muy difusa. El problema aparece cuando en vez de retratar esa realidad lo que se pretende es buscar la imagen más sangrienta, más impactante, primeros planos de personas muertas que no añaden información adicional a la noticia, sino que están destinadas a ser publicadas por puro espectáculo o morbo que puedan suscitar en el público, con el fin de obtener una mayor atención y audiencia y, por tanto, mayores ganancias. Esto es lo que sucedió con la portada de El País Semanal del 1 de marzo de 2009, en la que aparece una fotografía del cadáver desnudo de una mujer que fue violada y asesinada en Ciudad Juárez, tomada en el interior de una sala de autopsias (ver: apartado Juárez, fotografía número 30). La actuación de su autor fue la de ir a ese recinto en busca de una fotografía que no dejara indiferente a nadie, pero se trata de algo pensado con antelación y no de una fotografía tomada en el mismo momento en que se produce un hecho. Esa falta de espontaneidad hace que la fotografía sea aún más frívola si cabe, a la vez que el hecho de que el cadáver no esté cubierto no aporta más información al asunto, sino más morbo, más curiosidad insana, daño de la sensibilidad o simple impacto visual dependiendo del receptor.

Todo esto debe planteárselo un medio de comunicación ante determinadas imágenes antes de su publicación. Debe plantearse que, teóricamente, los fines que pretende con sus informaciones deben ser puramente informativos; no obstante, en la práctica muchas veces tiene más peso todo aquello que vende más que una información pura. Asistimos a una especie de circo o show mediático en que lo que menos importa es el respeto por las personas, aun después de muertas (mucho menos si no son de nuestra misma nacionalidad).

Una servidora considera que la fotografía de aquella portada jamás debió ser publicada y menos aún, utilizada como reclamo. Da la sensación de que se aprovechan del cadáver para que pose como una modelo de pasarela (colocado intencionadamente de costado), sin maquillaje pero con iluminación adecuada incluida. Hubiera suscitado menos polémica si el cuerpo estuviese tapado, pues se mantendría oculta la identidad de la persona (aunque distorsionaran el rostro en la foto original, sigo considerando que es insuficiente) pero aún así, supongo que existían más posibilidades aparte de esta versión polémica para hablar sobre los crímenes que se cometen en Ciudad Juárez, un tema sobre el que, sin duda alguna, debe ser informada la sociedad. Esas otras opciones pueden alcanzar desde la utilización de un titular atractivo para captar la atención del lector (sin caer en el sensacionalismo) hasta cualquier otra fórmula más legítima que la que se empleó en su día, por ejemplo, mediante otras fotografías sobre el asunto como pueden ser las cruces en memoria de las mujeres asesinadas, imagen también más fácil de relacionar con el feminicidio de Ciudad Juárez que una sala de autopsia, que sin un texto que contextualice la fotografía no tendría un significado completo a primera vista.

¿Hasta qué punto puede tomarse la muerte de una persona como un producto informativo en sí con un precio fijado?